¿Por qué no le hablas a esa persona que te gusta tanto o no empiezas esa actividad que estás deseando empezar? Un análisis desde La Ley Innata de Extremoduro

Antes de empezar quiero remarcar algo que siempre hay que tener en cuenta en esto  del comportamiento humano, y es el hecho de que la conducta siempre es multicausal, así que pueden ser muchos los motivos, desde una pobre situación económica, porque capitalismo, o que en tu pueblo no hay acceso a eso que quieres hacer. Pero bueno, vamos a centrarnos concretamente en uno: el perfeccionismo.

El perfeccionismo no es otra cosa que el miedo a no ser lo suficientemente bueno en lo que deseamos hacer. En lugar de enfrentar ese miedo, optamos por no hacer nada, tomando la decisión de no intentarlo antes de fallar en el proceso. Para ilustrar esta idea, vamos a usar el disco La Ley Innata de Extremoduro, una obra que refleja perfectamente este fenómeno.

Para ponernos en contexto, este disco de Extremoduro se publica tras seis años en los que Robe (líder y compositor de la banda) no escribe una sola frase para una canción.  Hasta entonces, la banda había mantenido un ritmo constante, sacando discos cada dos años aproximadamente. ¿Qué ocurrió en ese periodo de silencio? Robe, en este disco, nos ofrece algunas pistas sobre su proceso creativo, lleno de dudas y frustraciones, así como la creación del propio disco.

¿Cómo quieres que escriba una canción, si a tu lado no hay reivindicación? la canción de que el tiempo no pasara, donde nunca pasa nada

El disco inicia con esta pregunta, donde Robe ya nos deja ver dos aspectos claves. En primer lugar, Robe solo escribe cuando está mal, si está bien no hay motivos para escribir, no hay motivos para ser combativo, no hay motivos para reivindicar, y parece ser que al lado de esa persona no los hay. La otra cuestión interesante, es que Robe no escribe si no va a salir bien, si no parece que tenga algo que contar o que crea que es bueno, no puede escribir una canción donde el tiempo no pasa y nunca pasa nada, será en este segundo punto en el que nos centraremos. 

Esos pensamientos le llevan a esos 6 años sin escribir, no soy lo suficientemente bueno en esto como para escribir algo que valga la pena, ¿Qué está pasando aquí? Robe está evitando a toda costa ese malestar. Es aquí donde entra la sensación de control, y hablamos de sensación, porque realmente no está controlando nada. Aun así, él prefiere tomar el control de esa narrativa diciéndose a sí mismo que no escribe porque no hay nada relevante que contar, es el clásico, prefiero no hacerlo que hacerlo mal. 

Todo gira en torno al reforzamiento. Cada vez que tomamos la decisión de no realizar una actividad, nuestra conducta de evitarla se ve reforzada. Si no la llevas a cabo y evitas exponerte al posible fracaso, disminuye el malestar (reforzamiento negativo, R-) y te proporciona una sensación de control (reforzamiento positivo, R+). No es que no logres lo que te habías propuesto, sino que tú mismo has decidido no intentarlo. Eso cambia la perspectiva: «me ha salido mal porque yo elegí no hacerlo». En resumen, la conducta de postergar es extremadamente reforzante, ya que ofrece beneficios a corto plazo. Sin embargo, a largo plazo, nos impide exponernos a experiencias que podrían ser agradables, abrirnos oportunidades o generar beneficios.

Una racha de viento nos visitó, y al árbol ni una rama se le agitó, la canción de que el viento se parara, donde nunca pasa nada.  

Durante un tiempo de la canción, esa ausencia de viento y movimiento externo le sirve como excusa para no escribir, es un viento que ahora mismo ni mueve las hojas de los árboles, sigue siendo la canción donde el viento se parara, donde nunca pasa nada. Esto nos lo sigue contando con una voz y una melodía calmada, Robe está bien bajo estas circunstancias, el contexto no le da motivos para escribir y él lo acepta, pero esto no se va a mantener siempre así. 

-Ya no queda una piedra en pie, porque el viento lo derribó
-No, no hay esa canción  

En cierto momento de la canción comienza a haber más movimiento, ese viento que antes no movía las hojas de los árboles empieza a levantar las piedras, ahora sí que pasan cosas a su alrededor, ahora sí que hay motivos para escribir y reivindicar, Robe eleva el tono de la voz, la dulce melodía ahora es mucho más estridente, pero aun así se sigue diciendo “no hay esa canción”, sigo sin ser capaz de sentarme a escribir, sigo evitando el malestar de no ser tan bueno y ahora no tengo esa excusa a la que aferrarme, ahora sí que hay problemas.

Llegados a este punto, quizás nos preguntemos: ¿cómo se resuelve todo esto? Pues puede sonar un poco a «¿estás triste? Pues no estés triste», pero la clave está en hacerlo, y especialmente en hacerlo mal. Exponiéndote a esos estímulos que has asociado de forma aversiva, que has vinculado con la posibilidad de fallar, ser rechazado, no ser lo suficientemente bueno, o con el pensamiento de «se reirán de mí». Empieza esa actividad que siempre has querido hacer y hazla mal. Tal vez la idea de fracasar sea incluso más desagradable que el propio fracaso. Háblale a esa persona, quizá el rechazo no sea peor que la sensación constante de querer hablarle. Si el único motivo que te impide hacerlo es el malestar por la posibilidad de que salga mal, ya está saliendo mal al decidir no intentarlo.

-¿Y qué si me condeno por un beso? ¿y qué si necesito respirar?
-Canta la de que el tiempo no pasara, canta la de que el viento se parara, canta la de que el tiempo no pasara, donde nunca pasa nada. 

Y es que Robe llega a esta misma conclusión al final del disco, en un pequeño diálogo, quizá consigo mismo, con el público o con sus musas. Tras un álbum cargado de enfado, tristeza, lucha interna, aceptación, de sentirse atrapado en su propia prisión, de convertirse en mariposa y luego añorar ser gusano nuevamente… finalmente llega a esa conclusión. Ese pequeño diálogo nos remite al inicio del disco, a la primera canción en la que canta sobre que no pasa nada. Se dice a sí mismo que vuelva a cantar esa canción si la inspiración no llega, que cante esa canción que no es lo suficientemente buena ni cargada de contenido, que cante sobre que no está pasando nada… y, aun así, está bien: encontrar la felicidad en la mediocridad es una virtud.

Jose Ramón Ramos


Centro de Ciencia y Conducta

Comprometidos con la evidencia científica y la cercanía.

Contacta aquí 

letter, e-mail, newsletter-1132701.jpg 3cespsicologia@gmail.com
whatsapp, icon, communication-2288548.jpg (+34) 649 11 07 70